Cuentista.
Cuando estaba en el parvulario, unos vagabundos me amenazaron tras la valla con una litrona rota: «Voy a matar a tus padres».
Mi padre me enseñó a crear cuentos porque cada noche, antes de dormirnos, se inventaba uno.
Mi madre me enseñó a convertir el error en acierto.
Un día, como deberes, tenía que pintar con plastidecor la figura de una mujer y me salí del contorno. La goma no lo borraba y me preocupé porque quería hacerlo bien. Ella me enseñó a dibujar un aura alrededor para compensar el fallo. A la profesora no le gustó. Pero con el tiempo comprendí que esa es la definición pura del arte.
Nos mudamos de barrio y mis padres sobrevivieron.
Ahora escribo cuentos como forma de arte. Mi segundo libro tratará de vagabundos.
P.D. Cada domingo, un cuento.
Cuentista.